Blogia
De Quimeras y Ensoñaciones

La inocencia del roble muerto

La inocencia del roble muerto

Te has muerto de pie, mi viejo amigo, mi árbol centenario.

¿Cuántos lustros te contemplan? .

Te conocí de niño, cuando jugaba a hacerme mayor y tú ya eras un anciano, yo fui creciendo, cambiando, y tú sobrevivías ahí afuera, alto, erguido, inmutable, siempre el mismo, si bien es cierto que te me aparecías con heridas diversas, con ramas rotas, con alguna tardía poda, con tus hojas dormidas con el frío, pero siempre en el mismo sitio, elegante, distendido, sabías amoldarte a los vientos, doblegarte, a los hielos, a los calores, a la atmósfera cada vez más enferma, a los niños del barrio y a los viejos.

Siempre recto, siempre noble, sin dobleces, sin engaños, tenías tu camino dictado hacia el cielo, libre, siempre durmiendo bajo los estrellas ó las nubes, un destino tan distinto al mío, que transcurría por caminos torcidos, innobles, y teniendo por techo un camarote viejo.

Te me moriste de viejo, ¿cierto?, ¿cierto que te me moriste de viejo, mi viejo roble de la plaza del pueblo?.

De niño trepé cien y una vez a jugar entre tus ramas, a cazar ranas imaginarias, a voltear los huevos de nidos diversos, a capturar pajarillos indefensos, a ser el rey de la selva en una selva compuesta por tan sólo un universo, tú, un roble viejo. Entre tus ramas tuve mi primera casa, con cuatro cartones mal puestos, y te he de confesar un secreto, mi primer beso, con una prima hermana llegada de otro pueblo, un verano de hace ya mil años.

No habrá más escenas de amor entre tus ramas cuajadas de verdes destellos, no cantará la cigarra, ni el ruiseñor te hablará de sus sueños, pero habrás de saber, mi querido y viejo roble amigo, que yo te vendré a ver cada tarde de los domingos, me quedaré un rato contigo, te lloraré si es preciso, si tú aguantas mis lamentos perdidos.

Te me has muerto de pie y te has llevado la alegría de la plaza, los trinos, la sombra del verano, te has llevado mi alma contigo, déjame que te cuente a que he venido, a estar contigo, puesto que se te ve muy solitario, mi querido amigo, he venido a hacerte compañía, y a que me des cobijo, a hablar un ratito, a quererte como cuando era un crío. Yo también ando sólo los caminos, mi viejo roble, y llegó el tiempo de reposar el descanso de este viejo guerrero. Aunque he de confesarte otro secreto, yo he de morir de pie, mañana es el día señalado, dejaré este lugar desde donde te contemplo cada día desde hace cinco años, caminaré con la cabeza muy alta, a primera hora del amanecer, no habrá otro lugar mejor para morir, a tus pies.

Ellos me llevarán a tu lado, pasarán la soga sobre tu rama más fuerte y gruesa y moriré de pie, viejo roble, moriré a tu lado, ajusticiado, dicen ellos, yo digo, injustamente ahorcado por un delito que no cometí.

 

0 comentarios